jueves, 4 de septiembre de 2008

Mileuristas

En demasiadas ocasiones en los últimos meses he oído hablar del nada despreciable grupo social de los mileuristas españoles. Digo que en demasiadas ocasiones porque cada vez que un medio los saca a la palestra suele ser para dar una pincelada general sobre el tema y guardarlo de nuevo en el fondo del cajón.En el fondo del cajón de las cosas pendientes, claro está. Yo mismo pertenezco a la generación de los mileuristas españoles. De hecho la gran mayoría de los jóvenes que están a mi alrededor de entre veinte y treinta y cinco o cuarenta años, están en este segmento de la población en precario. Haciendo memoria para escribiros esto hoy he recorrido las caras de muchos de vosotros y de otros conocidos y amigos que tengo y que algunos ni conocéis. Salvo dos o tres excepciones todos cobran bastante menos de mil euros. Huelga decir que todos ellos, también sin excepción, están perfectamente preparados en sus campos y pasaron por las universidades de nuestra piel de toro hace unos años. No son estos datos los únicos, ni mucho menos, que comparten entre ellos mis amigos. Para saciar vuestras ansias de saber os diré que las cifras reales de los "mileuristas" que conozco se plantan entre los seiscientos y los ochocientos euros. Para continuar quiero reparar en otras cosas que todos nosotros tenemos en común. Allá van.

La dependencia del núcleo familiar de origen está más que patente en todos ellos. De manera directa o indirecta. Unos porque conocen su futura herencia, de una casa en tal o cual sitio que les pueda aliviar la frustración de una plena autonomía rota en su adultez. Otros rellenando la cesta de la compra en el Mercadona del barrio de mamá cada semana. Otros yendo al cine con sus papis para disfrutar todos de un largo en familia con la entrada gratis. Todos dependientes del núcleo familiar de origen, como os digo.

De lo segundo que quiero hablar es del cacao emocional que todos arrastramos. Disculpad y pensad siempre que no me estoy refiriendo a nadie particular. Con el hecho de no volar del nido a la edad que toca, aparecen las culpabilidades de esta sociedad que mamó del judeocristianismo. Me siento culpable de que mis padres me tengan que ayudar para quitárselo ellos de pasar una vejez plena. Me siento culpable de robarles parte de su intimidad al tener que estar bajo su techo. Me siento culpable de que me paguen ellos las vacaciones sin lo cual no sería posible que me fuera la semana de todos los años a Benidorm. Me siento culpable de ir a empastarme dos muelas este mes y de que mi padre tenga que posponer su visita al oculista porque necesita un cambio de cristales en las gafas. Esta culpabilidad que sentimos proviene también de nuestra bondad. Somos gente sensible, gente buena y nos da pena que la vida tenga que ser así de puta. Otra variante de la cual yo conozco bastante (he tenido esa suerte) es la de cambiar a los padres por la pareja. Aplíquese todo lo anterior de igual modo cambiando el sustantivo padres-pareja.

La tercera cuestión pasa por que no nos borren la sonrisa de la boca. Somos la generación de la sonrisa en la boca. Los eternamente jóvenes y chic. Los monos de finales de los setenta. O sea, que todo lo que arrastramos del punto uno y dos no se tiene que notar. Nuestros círculos íntimos no lo verían bien. Un muermo hablando de muermerías. Pero si eso le pasa a todo el mundo. No es ninguna novedad de lo que nos viene a hablar éste ahora. Cara sonriente veinticuatro horas y que no se nota que llevamos una buena china en el zapato.

La cuarta cosa proviene directamente de la tercera. Me explico. Como fingimos que estamos estupendos, esto hace que vivamos en la frivolidad, que evitemos por todos los medios "complicarnos más la vida" escuchando los problemas de los demás. A fin de cuentas todos tenemos lo mismo. ¡A callar se ha dicho y viva la fiesta! son los lemas que tenemos en mente.

La quinta y última reflexión para compartir es la siguiente. Como en los trabajos no se nos valora, se nos ningunea, no se nos dan posibilidades de medrar, de valer más y demostrarlo mejor, cada cual se dedica a lo que yo llamo sus labores. Las labores de cada cual son aquel ramillete de actividades o actividad con la que se siente realmente alegre por vivir. Aquello con lo que fluye, como diría el profesor Csikszentmihalyi. Para unos estoy hablando del deporte, para otros de la cocina o de llevar en orden su casa. Para otros de cuidar su aspecto con cosmética o de leer para los menos.

Esta es una de las radiografías de nuestra generación, amigos, la generación que llegó a la universidad proveniente de unos padres obreros que despuntaron algo económica y socialmente hace cuarenta años. No tengo ni la menos idea de qué pasará con nosotros. Desconozco por completo nuestros paraderos dentro de cinco o diez años pero el primer paso para encontrarse es saber de dónde se viene, dónde se está es el segundo y el tercero para llegar a buen puerto ya es harina de otro costal: ¿adónde queremos ir?.
Hasta mañana amigos del alma.Hasta mañana suertudos mileuristas. Hasta mañana J.


1 comentario:

Manuel dijo...

La descompensación de sueldos en este país es un auténtico cáncer. Por cada mileurista hay un tres o cuatro o cincomileurista.
Ahora se quejan los "empresaurios" de que si se elimina la contratación de inmigrantes en origen se van a quedar sin mano de obra para muchos puestos que los españoles no queremos ocupar. Se olvidan de decir que se trata de infraempleos infrapagados y que ellos se frotan las manos porque así pueden continuar contando con mano de obra barata para seguir acumulando beneficios a costa del trabajador. Traer inmigrantes contratándolos en su país de origen es la mejor forma de controlar este fenómeno, pero tiene el doble filo de que ayuda a mantener un esquema de salarios basura que acaba perjudicándonos a todos. Todos conocemos la frase: "Si no te interesa te largas, que tengo a 100 dispuestos a hacer lo mismo por menos dinero"