viernes, 19 de septiembre de 2008

Un Súperjuez muy piadoso

El juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, se ha atrevido a ponerle el cascabel al gato. Este mediático hombre, que ve por el cristal de unas gafas cuadradas envuelto en su pelo cano, de nuevo se coloca en el centro de la polémica de la vida pública española al mostrar claras intenciones de investigar, por la vía penal, las desapariciones y crímenes cometidos durante la Guerra Civil y el franquismo. Obsérvese bien que no escribo "se ha atrevido a reabrir heridas" y sí utilizo la expresión del fabulista "ponerle el cascabel al gato".
Garzón ha sido tachado de izquierdista y oportunista en no pocas ocasiones, pero esta nueva medida deja al desnudo su vis más piadosa, más cristiana si se quere. En la emisora de los obispos no lo han entendido así, claro está. Tampoco en el PP, cuyo máximo dirigente sigue sosteniendo que la identificación de los cadáveres sólo sirve para rememorar lo ocurrido en el pasado y jugar con viejas heridas. Ya lo dice el libro de la Sabiduría cuyo objetivo no era otro que el de enseñar a gobernar a los gobernantes:
"Pero las almas de los justos están en las manos de Dios,
y nungún tormento los alcanzará.
Los insensatos piensan que están muertos,
su tránsito les parece una desgracia,
y su salida de entre nosotros, un desastre,
pero ellos están en paz".
El "Súper-Juez", como le apodaron otros, ha tenido que reposar muchos versos y prosa para entender que todos los que cayeron de uno y otro bando ya fueron machacados por la barbarie y la injusticia más extrema: la sinrazón del asesinato. Cada familia guardará un recuerdo en el dolor de su historia privada, de su duelo individual convertido en colectivo por la sanación de un país. Para superar el duelo de lo emocional es mejor, dicen los expertos, entender lo material, asir lo palpable. Con la identificación de los cuerpos se dignificará la memoria de muchos que existieron como individuos y murieron como manada. Se recorrerá finalmente un camino hacia la paz de muchas familias que a estas horas no concen el lugar exacto dónde honrar a los suyos. Y que yo sepa esto también era un precepto cristiano, o algo así.
Tener un espacio físico donde ir a llorar la pena negra con Lorca, sentir con él el autoritarismo de Bernarda una tarde de domingo depositándole unas flores como trofeo o canturrearle al oído una de sus nanas, será un deleite de los que hemos recibido su legado como oxígeno para nuestros pulmones. Que todos aquellos que lloraron las pérdidas de seres queridos o de versos eternamente incompletos descansen en paz. Que así sea. Hasta el lunes, desmemoriados de conveniencia. Hasta el lunes soñadores más cerca de vuestro sueño. Hasta mañana J.

3 comentarios:

MªCarmen González Vidal dijo...

Me vuelve loca tu descripción, eres muy bueno...
Mañana te comento el último post, tengo ganas de veros.
Un abrazo

Anónimo dijo...

¿Maestro? Dada la ignorancia que rebosa en tus palabras, esperemos, por el bien de los niños, que no ejerzas.

MªCarmen González Vidal dijo...

Hola, dar la cara es de valientes, eso lo primero, en segundo lugar si fuera tan amable podria explicar en qué momento te has dado cuenta de esta frase: "la ignorancia que rebosa en tus palabras" porque tras leer los pots en ningún momento ha llegado esta frase a mi cabeza.
Ni caso MAESTRO.
Un beso