martes, 9 de septiembre de 2008

Escribir por escribir

Siempre es un desafío empuñar la pluma ante el folio en blanco y darle vida a las ideas. Hoy ya casi nadie, excepto algún Antonio Gala perdido en medio de la nostalgia, elige ese instrumento para diseñar sus sentimientos. El frío teclado de un ordenador es el heraldo entre el que lee y el que escribe.
El primer momento antes de la creación (por poca calidad que tenga ésta, de creación se trata) es terrible. En mi caso casi nunca llego al escritorio con un tema predefinido. Suelen ser muchos los centros de interés que cada día guardo en mis archivos mentales y todo para que al llegar frente al teclado, las palabras comiencen a fluir casi de manera inmediata, sin previa reflexión. No creo que todo el mundo escriba como yo, improvisando. Aquí el nivel personal de neuroticismo también tiene mucho que ver.
Después de comenzar con el primer sujeto, el primer verbo y sus complementos todo empieza a cambiar. Una luz, al principio tenue, se enciende con timidez en la cabeza o en el alma del emisor. Más de la mitad del camino ya está recorrido y eso se refleja en el buen ritmo en la producción. Saber contar ya es otra cosa. Todos los que nos acercamos al mundo de los blogs, artículos de opinión, ensayo... sentimos la necesidad imperiosa de comunicarnos con alguien del otro lado. La manera más o menos virtuosa de hacerlo es lo que consagra al escribano como escritor, al mediocre como brillante. Nunca se sabe en qué momento preciso uno da el salto hacia el abismo de las letras. Nunca se conoce el preciso instante en el que el alfabeto universal ya forma parte del ADN de uno. Lo mejor es seguir intentándolo. Seguir esperando a que se conjuguen inspiración y trabajo, como dijo el genio. Mientras llega ese momento, pedir perdón a los que sirvieron de paño de lágrimas en medio del destierro es, cuanto menos, lo más educado que puede hacer el aspirante a maestro. Todo está aquí dentro. Sólo hay que esperar a que surja la fórmula correcta. No más que eso nos separa de la genialidad en éste y otros campos. Hasta mañana iluminados de la tierra. Hasta mañana aspirante a no se sabe qué. Hasta mañana J.

1 comentario:

Manuel dijo...

La magia de escribir, como la magia de dibujar, cantar o pintar es un proceso en gran parte desconocido y tan variado como seres humanos hay. La manera en que se escribe acaba siendo un reflejo de la persona que lo hace: meticulosamente organizado o anárquico e improvisador; poético y sublime o desgarrado y cruel; plácido y transparente o atormentado y oscuro... Y la magia, además, es doble porque la ilusión termina en la mente del que recibe el mensaje, completándolo en una suerte de embrión nacido de la unión de escritor y lector.