Obama ha vuelto a sorprenderme.
Hace apenas unas horas se ha rodeado de científicos para levantar las restricciones al uso de fondos para la investigación con células madre.
No es preciso recordar que Bush (simpatizante de ideas creacionistas más que evolucionistas) había puesto la zancadilla al avance de estas investigaciones, cerrando el grifo del dinero destinado a las mismas. Bush, aquel Presidente al que Dios hablaba y del que ahora no habla ni Dios. Aquel que será eternamente recordado en los libros como inventor de invasiones-negocio para favorecer a sus amigotes.
Muy dispuesto a desterrar algunas supercherías del montón de mierda que algunos en el poder habían impuesto a la sociedad americana en la última década, aparece Obama abanderando un cierto sentido común, una cierta tendencia cientificista que nos gusta. Las respuestas a modo de golpes no se han hecho esperar. Los enemigos del avance científico, los enemigos del progreso del hombre y la mujer en su permenente reto con la muerte, se han unido de nuevo para emprender su enésima cruzada. El Vaticano, ensañado estos días con el padre de Eluana Englaro, ha sacado un rato de su tiempo para tachar a Obama de enemigo público. Su decisión ha dicho "no está ética ni cientificamente motivada o justificada". Eso dijo la voz de la locura, la intransigencia, el odio y la superstición para ir arrimando troncos a la hoguera en la que hayan de prender fuego al nuevo blasfemo.
Otras instituciones simpatizantes y grupúsculos de presión y poder (esto si son lobbies y no los gays) tampoco se han andado con remilgos en su condena.
Sabemos por intución, más que por demostración, que Obama tampoco es libre en sus decisiones. No somos tan cándidos para pensar lo contrario. No obstante nos alegramos profundamente de que sus amos no sean los mismos que idiotizaron al presidente anterior.
Detrás de todo este cacareo se esconde un viejo y ensuciado dilema: la guerra intestina entre los que consideran que un embrión es ya una criatura y los que pensamos que no es así. Creen algunos fundamentalistas religiosos y otros de la derecha que manipular parte de ese embrión sería un atentado contra la vida. Entonces equiparan al científico dispuesto a ello con un asesino, y al gobierno que lo sostiene, con una especie de mafia. No nos llevemos a engaño. Sabemos que la mafia se mueve por presión, chantaje y coacción y nunca ha sido ése el ideario de la ciencia.
Yo resuelvo esto de una manera llana pero efectiva. Hace años aprendí en la consulta de un psicólogo que si viene una barca a rescatarnos de un naufragio a la persona que más quiero y a mí y no hay espacio más que para uno de los dos en la embarcación, soy yo el que debo acogerme a la salvación sin dilación. Hago extrapolable este razonamiento al tema que nos traemos entre manos. ¿Por qué es más importante la vida en potencia de un embrión que la mía propia? ¿No es mejor acogerse siempre al principio de autorrespeto y supervivencia?
La vida puede resultar amarga en algunos casos. Creo que todo camino de esperanza que se nos abra para mejorar la calidad de nuestra existencia es una oportunidad que no debemos desaprovechar. He de confesarles que me ha ido mucho mejor de unos años a esta parte, desde que deseché todo cuanto pude mi pensamiento ignorante y lo sustituí por uno más realista y científico. Me considero hoy una persona menos manipulable y, por consiguiente, más satisfecha y feliz. Sé que el camino del conocimiento está lleno de zarzas espinosas que hay que sortear a diario. Acepto esto antes que los dogmas que me apresaban ayer.
Huyo de los iluminados y rezo, aunque suene a pura paradoja, para que no lleguen más a nuestros gobiernos.
El Vaticano ha dicho de este episodio que ha sido "una triste victoria de la política sobre la ciencia y la ética". Yo soy de la opinión de la Premio Nobel de Medicina Rita Levi Montalcini : la de estos días ha sido una decisión "de gran importancia para el futuro de la humanidad"
Amén.
Hasta mañana defensores de la ciencia. Hasta mañana aprovechados de las debilidades. Hasta mañana comprometidos con dignificar la vida. Hasta mañana J.
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martes, 10 de marzo de 2009
jueves, 15 de enero de 2009
Madre de los enfermos terminales
Agradezco mucho el hecho de que existan programas de radio como "Afectos en la noche". Descubrí este espacio en medio de la ondas casi por casualidad, debido a mis trastornos de sueño justo antes de una intervención quirúrgica. Los "afectos" se emiten por RNE y su presentadora es Silvia Tarragona. Les invito a que escuchen esa voz y me digan si, alguna vez, se habían encontrado con algo tan sensual para sus oídos.
Pero no escribo sobre un programa de radio sólo por el tono melódico de su presentadora. Los contenidos de este espacio me han cautivado. La pasada noche se trató el tema de la muerte.
Como muchos ya saben acabo de enterrar a mi abuela, para mí una madre. Pero mi interés sobre la muerte me viene de adolescente. De joven quedé fascinado por la lectura de "Vida después de la vida" del afamado psiquiatra Raymond Moody. Allí se recogían sus conocimientos y observaciones sobre las experiencias cercanas a la muerte de sus pacientes.
Se tachó al doctor Moody de embustero y la ciencia ortodoxa le aborreció. Tanto se le presionó que acabó retractándose sobre lo escrito de la superviviencia de la mente (o alma) al morir.
Han pasado muchos años desde aquello. El tema vuelve con fuerza a los medios pero ahora, una élite científica, parece ser la interesada en estudiar en primera línea todo cuanto esconde este enigma.
Psiquiatras de reconocido prestigio, psicólogos, geriatras, oncólogos y otros perfiles profesionales se sumaron hace pocas semanas a la celebración del Primer Congreso Internacional sobre experiencias cercanas a la muerte.
Afectos en la noche no trató el tema desde este ángulo expresamente. A mí me descubrió la figura de Elisabeth Kübler-Ross, la madre de los enfermos terminales.
Esta doctora de origen suizo entregó su vida a asistir a los moribundos de media Europa. Trabajó altruístamente con enfermos de SIDA y niños deshauciados de la medicina.
Pronto se percató de que había vida después de la muerte. Quizá nunca lo había dudado pero le faltaba la confirmación que le vino de la experiencia de su propia labor humanitaria.
Según esta doctora todos tendremos que responder algún día a esta pregunta: ¿qué has hecho tú por los demás?
Gracias a Silvia Tarragona y su equipo se me abre una nueva línea de investigación sobre tanatología. Un nuevo testimonio de vida para meditar y comunicar a mi alrededor. Es momento de recogerme en sus obras y escudriñar su mensaje.
Algún día espero compartir con ustedes mis aprendizajes de la madre de los enfermos terminales. Para ser justos he decidido que partamos del mismo punto. Les presento a la protagonista de mis próximas lecturas y reflexiones. De entrada quédense con la pregunta inicial que me mueve a seguir su pista: ¿qué han hecho en sus vidas por los demás?
Impedida, postrada en una cama durante sus últimos años, la doctora no podía entender por qué su agonía duraba tanto. Un día recibió la respuesta de un Dios que habla por medio de cualquiera de sus criaturas: "Tanto has dado tú por los demás que no podías partir sin aprender a recibir tú también. Esto necesitabas aprenderlo antes de morir".
"En la vida sólo podemos elegir transitar por una de estas dos vías: la del amor o la del miedo."
Elisabeth Kübler-Ross. 1926-2004. Madre de los enfermos terminales.
Hasta mañana programas que dan vida y quitan sueño. Hasta mañana radio de mis ansias y anhelos. Hasta mañana buscadores de nuevas formas de fe. Hasta mañana J.
Pero no escribo sobre un programa de radio sólo por el tono melódico de su presentadora. Los contenidos de este espacio me han cautivado. La pasada noche se trató el tema de la muerte.
Como muchos ya saben acabo de enterrar a mi abuela, para mí una madre. Pero mi interés sobre la muerte me viene de adolescente. De joven quedé fascinado por la lectura de "Vida después de la vida" del afamado psiquiatra Raymond Moody. Allí se recogían sus conocimientos y observaciones sobre las experiencias cercanas a la muerte de sus pacientes.
Se tachó al doctor Moody de embustero y la ciencia ortodoxa le aborreció. Tanto se le presionó que acabó retractándose sobre lo escrito de la superviviencia de la mente (o alma) al morir.
Han pasado muchos años desde aquello. El tema vuelve con fuerza a los medios pero ahora, una élite científica, parece ser la interesada en estudiar en primera línea todo cuanto esconde este enigma.
Psiquiatras de reconocido prestigio, psicólogos, geriatras, oncólogos y otros perfiles profesionales se sumaron hace pocas semanas a la celebración del Primer Congreso Internacional sobre experiencias cercanas a la muerte.
Afectos en la noche no trató el tema desde este ángulo expresamente. A mí me descubrió la figura de Elisabeth Kübler-Ross, la madre de los enfermos terminales.
Esta doctora de origen suizo entregó su vida a asistir a los moribundos de media Europa. Trabajó altruístamente con enfermos de SIDA y niños deshauciados de la medicina.
Pronto se percató de que había vida después de la muerte. Quizá nunca lo había dudado pero le faltaba la confirmación que le vino de la experiencia de su propia labor humanitaria.
Según esta doctora todos tendremos que responder algún día a esta pregunta: ¿qué has hecho tú por los demás?
Gracias a Silvia Tarragona y su equipo se me abre una nueva línea de investigación sobre tanatología. Un nuevo testimonio de vida para meditar y comunicar a mi alrededor. Es momento de recogerme en sus obras y escudriñar su mensaje.
Algún día espero compartir con ustedes mis aprendizajes de la madre de los enfermos terminales. Para ser justos he decidido que partamos del mismo punto. Les presento a la protagonista de mis próximas lecturas y reflexiones. De entrada quédense con la pregunta inicial que me mueve a seguir su pista: ¿qué han hecho en sus vidas por los demás?
Impedida, postrada en una cama durante sus últimos años, la doctora no podía entender por qué su agonía duraba tanto. Un día recibió la respuesta de un Dios que habla por medio de cualquiera de sus criaturas: "Tanto has dado tú por los demás que no podías partir sin aprender a recibir tú también. Esto necesitabas aprenderlo antes de morir".
"En la vida sólo podemos elegir transitar por una de estas dos vías: la del amor o la del miedo."
Elisabeth Kübler-Ross. 1926-2004. Madre de los enfermos terminales.
Hasta mañana programas que dan vida y quitan sueño. Hasta mañana radio de mis ansias y anhelos. Hasta mañana buscadores de nuevas formas de fe. Hasta mañana J.
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viernes, 17 de octubre de 2008
En un país de hipócritas
Tengo ganas de ver la entrevista de Iñaki Gabilondo esta noche en Noticias Cuatro a los padres de Javier, el niño que nos ha devuelto la esperanza. Javier ha venido a curar a su hermano de una anemia congénita muy grave pero, para que el milagro ocurra, la ciencia ha tenido que intervenir en el curso de los acontecimientos y seleccionar los embriones libres de anomalías que dieran lugar a un nuevo ser sanador o "niño medicamento". Volviendo a mi interés inicial, he de confesar que el avance me produce una gran alegría porque revoluciona de nuevo el ámbito de la biología y la medicina. Los sesudos investigadores que pasan sus vidas rodeados de probetas, buretas y matraces aforados parecen permanecer siempre ajenos a las polémicas del mundo real donde tienen impacto los hallazgos de laboratorio. Tiene mucho que aprender del colectivo científico la Conferencia Episcopal Española que, como bien saben, menos en las iglesias con sus feligreses más necesitados o en las catedrales limpiando murillos está en cualquier parte. Hoy se ha hecho un hueco a codazos en medio de la noticia, como suele ser su estilo, por medio de una misiva radical en la que condena este avance por motivos éticos. Denuncia que "se haya silenciado el hecho dramático de la eliminación de los embriones enfermos y eventualmente aquellos que, estando sanos, no eran compatibles geneticamente". De nuevo, banquete de hipocresía por todo lo alto de los purpurados que rigen el destino de nuestra iglesia.
Viendo las imágenes de una familia feliz en medio del milagro que le ha regalado la ciencia, se me hace difícil entender las duras palabras de esta cúpula terca y miope que dice erigirse en honor a la verdad. Pero era verdad la tesis de Galileo y, por eso, el pensamiento ilustrado tomó su torturta como paradigma del comportamiento de la Iglesia frente a la ciencia. Sabemos que aquellos torturadores del pasado hoy hablan por micrófonos y acuden a fiestas privadas de políticos del más alto nivel. Poco atienden, sin embargo, a los problemas internos de una casa desvencijada con las sillas vacías y el brasero a medio prender.
Juan Pablo II, dicen los que le conocieron, se preocupó por revisar la historia de la triste equivocación que cometió su Iglesia con Galieo (haciendo de juez Garzón por eso del revisionismo) y llegó a la conclusión de que el científico no fue quemado en la hoguera, sino privado de libertad y recuído en casa. Se le condenó sólo a formalem carcerem pero murió en su casa y no pasto de las llamas como los ilustrados hicieron creer. La Iglesia lo sabe bien: el mayor daño que se le puede causar a un ser humano no es el daño físico. Es el daño moral derivado de la estrangulación de la inteligencia y el alma la que mata con más saña. Hoy que los tiempos han cambiado la Iglesia vuelve a censurar sin medida a los que están más cerca de la verdad. Surge de nuevo el conflicto cuando los científicos quieren hablar y sus palabras no concuerdan con los versos mal traducidos de un libro de hace dos mil años. Y para que todo vaya bien y no se despierte el espíritu belicoso con el que han escrito su historia, los cientíticos tienen que callar, los homosexuales tienen que curarse, los jóvenes practicar sólo el beso y la caricia antes del altar y la SER despedir a Francino. De todos modos los hombres de iglesia nos programaron tan bien que me espero lo peor. No lo digo porque logren callar a Francino ni porque peligre la pasión entre los jóvenes, no. Lo digo porque después del rapapolvo de los obispos no me extrañaría que Javier, nuestro protagonista de hoy, fuera bautizado por sus padres en la parroquia de su barrio. ¡Menos mal que allí no hablan mal de Bernat Soria ni de Francino! Hasta el lunes esperanzados hijos de la ciencia. Hasta el lunes luces del saber. Hasta el lunes enemigos de la ignorancia. Hasta el lunes J.
Viendo las imágenes de una familia feliz en medio del milagro que le ha regalado la ciencia, se me hace difícil entender las duras palabras de esta cúpula terca y miope que dice erigirse en honor a la verdad. Pero era verdad la tesis de Galileo y, por eso, el pensamiento ilustrado tomó su torturta como paradigma del comportamiento de la Iglesia frente a la ciencia. Sabemos que aquellos torturadores del pasado hoy hablan por micrófonos y acuden a fiestas privadas de políticos del más alto nivel. Poco atienden, sin embargo, a los problemas internos de una casa desvencijada con las sillas vacías y el brasero a medio prender.
Juan Pablo II, dicen los que le conocieron, se preocupó por revisar la historia de la triste equivocación que cometió su Iglesia con Galieo (haciendo de juez Garzón por eso del revisionismo) y llegó a la conclusión de que el científico no fue quemado en la hoguera, sino privado de libertad y recuído en casa. Se le condenó sólo a formalem carcerem pero murió en su casa y no pasto de las llamas como los ilustrados hicieron creer. La Iglesia lo sabe bien: el mayor daño que se le puede causar a un ser humano no es el daño físico. Es el daño moral derivado de la estrangulación de la inteligencia y el alma la que mata con más saña. Hoy que los tiempos han cambiado la Iglesia vuelve a censurar sin medida a los que están más cerca de la verdad. Surge de nuevo el conflicto cuando los científicos quieren hablar y sus palabras no concuerdan con los versos mal traducidos de un libro de hace dos mil años. Y para que todo vaya bien y no se despierte el espíritu belicoso con el que han escrito su historia, los cientíticos tienen que callar, los homosexuales tienen que curarse, los jóvenes practicar sólo el beso y la caricia antes del altar y la SER despedir a Francino. De todos modos los hombres de iglesia nos programaron tan bien que me espero lo peor. No lo digo porque logren callar a Francino ni porque peligre la pasión entre los jóvenes, no. Lo digo porque después del rapapolvo de los obispos no me extrañaría que Javier, nuestro protagonista de hoy, fuera bautizado por sus padres en la parroquia de su barrio. ¡Menos mal que allí no hablan mal de Bernat Soria ni de Francino! Hasta el lunes esperanzados hijos de la ciencia. Hasta el lunes luces del saber. Hasta el lunes enemigos de la ignorancia. Hasta el lunes J.
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