Las agresiones al colectivo médico van en aumento en los últimos años. Hoy se han conocido datos en nuestra Comunitat que ponen el vello de punta. Se estima que hay una media de ocho incidentes de este tipo al mes sobre todo en las consultas de Urgencias médicas y guardias de atención primaria. Lo que sabemos procede de las pocas denuncias que cursan cuando el médico es insultado, amenazado o agredido físicamente por lo que es de suponer que, en el silencio que alimenta el miedo, quedan atrapadas muchas otras faltas de respeto que nunca salen a la luz. Conozco bien el funcionamiento de la sanidad pública por mis achaques crónicos y eso me permite ojear el panorama a vista de usuario. A mi paso encuetro de todo pero lo que más abunda son excelentes profesionales más aún en el grado de especialistas. Hasta que uno llega a ese nivel en la jerarquía médica suele toparse con una base sanitaria descontenta y estresada que conoce mucho de su oficio de curar pero desconoce otro tanto de cualquier patología que se salga del resfriado común o gripe, dolor de espalda, otitis o heridas infectadas... Tampoco tiene el médico de familia mucho a su favor para el buen ejercicio de sus conocimientos, la verdad sea dicha. Todo son zancadillas. La administración le pisa los talones con una media establecida para consulta de tres o cuatro minutos por paciente. A duras penas en ese instante fugaz da tiempo para saludar correctamente, despedirse con educación y que el médico estampe su número de colegiado en dos o tres recetas.
A la más mínima inseguridad frente a la dolencia que aqueja al paciente su médico le dirá la famosa frase: "tiene usted que ir al especialista. Pásese por la ventanilla de abajo y pida cita". Y luego el caminito monte arriba también lo conocen. Una media de tres meses (por decir algo prudente) hasta que el verdadero doctor, el que tiene conocimientos para darle la solución, le ve la cara. Sana, sana que si no curas hoy, curarás mañana.
Durante los últimos años hemos venido observando cómo han perdido valía aquellos médicos llamados antaño de cabecera. Cada vez hay menos conversación y más prisa. Resulta imposible que uno de estos médicos de atención primaria lo conozca a uno y siga una evolución natural de su dolencia. Todo eso lo hemos tirado por la borda. A la vez se ha "ganado en derechos" y a la mínima antipatía entre médico y enfermo ponemos en uso el comodín de acudir a la ventanilla para todo y solicitar el cambio de médico. Lo malo es que pronto nos damos cuenta de que el siguiente tendrá los mismos factores de estrés en contra para la buena realización de su desempeño y todo volvera al principio, perpetuándose así la desesperación y la rabia de los de uno y otro lado del mostrador.
Sin embargo nuestro sistema sanitario es serio y profesional cuando toca. Las bajas instancias (no deberían nunca tenerse como tales ni haber llegado a este extremo de degradación) se han sentido obligadas a burocratizar uno de los más bellos oficios del hombre: ayudar y promover el restablecimiento de la salud. Todo esto me recuerda a aquel chiste tan malo como profético para el caso: doctor, doctor me duele aquí. Pues váyase allí.
Presionados con la soga al cuello por un sistema derrochador y rácano a la vez, obsesionado en rellenar formularios, nuestros médicos de ambulatorio soportan un estrés inconveniente para poder centrarse en el componente humano del enfermo y, con el viento totalmente en contra, he de decir que la mayoría de los que he consultado consigue cruzar unas pocas frases humanas con su paciente antes de dar la entrada al siguiente. Este es el drama de la sanidad en España. Un drama silencioso y lorquiano de una administración que esconde sus basuras debajo de la alfombra. Luego tenemos a los matones de barrio. Esos pacientes o padres de alumnos (si les cambianos el escenario) que traspasan la barrera cuerda de la asertividad para convertirse en matones.
Entiendo que mantener un sistema de salud como el nuestro o el educativo resulte carísimo y ahora no estamos para tirar cohetes. Considero, sin embargo, que parte de la solución pasa por dotar de más autoridad a figuras como el médico y el profesor en nuestro país, pero autoridad real y no sólo sobre el papel. ¿Tanto cuesta eso? ¿No nos sale más caro pagar las bajas laborales de estos colectivos hartos y rotos por no poder dedicarse a lo que les gusta? Como siga la cosa así ya me imagino visitando a un médico blindado con pantalla de cristal o por web cam desde mi casa. Tampoco nos vendría mal recordar que el calor humano es otro de los coadyuvantes en la recuperación de la salud y ése no se estampa en una receta.
Matones de ambulatorio y médicos mediocres a parte nuestro sistema sanitario da muestras de clara enfermedad y lo mejor siempre en estos casos es pillarla a tiempo.
Hasta mañana suertudos lectores ajenos a este espectáculo. Hasta mañana enfermos que soportáis la derivación. Hasta mañana J.
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lunes, 1 de diciembre de 2008
miércoles, 29 de octubre de 2008
Caos y cosmos valenciano
El PP desatiende, desde hace no poco tiempo, algunas áreas prioritarias para el buen desarrollo de la ciudadanía en la Comunitat Valenciana. Ayer tuve que hacer un recorrido médico de antología para unas pruebas en mi hospital de referencia. Comencé mi periplo a las ocho de la mañana y llegué a la estación de destino a las dos del medio día. Toda una jornada laboral para hacerme una analítica de sangre, un electro y una consulta médica rutinaria. El estado de ánimo de los que esperábamos de pie en algún pasillo del complejo hospitalario cambiaba a medida que pasaban las horas. El semblante adormecido por el madrugón se tornó en uno disgustado en mis compañeros de viaje, algunos en ayunas durante más de tres horas.
En no pocos corrillos se podían escuchar quejas contra la gestión de la sanidad de los responsables políticos valencianos pero siempre había una contrarréplica en defensa de la alcaldesa más populista de la historia española. Yo tengo la teoría de que mientras la gente siga tan cegada dejándose embaucar por los populares con su tirón fallero y similares glorias festivas patrimonio del pueblo, la cosa no cambiará. Hace pocos días Rita Barberá se rodeó de pompa y boato como es costumbre en ella para llamar por teléfono a sus falleras del año. La alegría de las familias que confirmaron la noticia de que sus hijas serían la imagen viva de la fiesta ante el mundo, contrasta con la desesperación por la que atravesiesan los rectores de la Universidad de Valencia. Éstos dicen que la situación económica es insostenible fruto de la deuda que tiene la Generalitat con dicha institución. El rector afirma que la situación será absolutamente insoportable para las cinco universidades públicas de nuestro territorio. Todo esto lo pueden ver en la página web de la propia universiadad pero aquí les dejo un enlace más breve para que hagan picoteo.
Otra voz de alarma grita desesperadamente hoy. Nos referimos al estudio que ha realizado la firma de recursos humanos Adecco en la Comunitat. En nuestro suelo faltan mil doscientos médicos en total. De ellos se estima que aproximadamente hacen falta unos novecientos generalistas y unos trescientos especialistas. Sumen, resten y verán como las cuentas cuadran. Los médicos que buscamos todos desesperadamente sencillamente no están en España ni tampoco aquí en casa. Se fueron a lugares donde estaban mucho mejor pagados y gozaban de más prestigio y reconocimiento social. Me pregunto si tendrá algo que ver lo que les estoy contando con mi espera de ayer ante las puertas de la consulta médica.
Resumiendo: los políticos conservadores de la Comunitat Valenciana han aprendido mucho de la filosofía griega que les enseñaron sus profesores de pago en los años mozos. Tenemos mucho caos, mucho desmadre y la casa desatendida. Eso se combate con una buena dosis de cosmos: exaltación fallera, inauguración de palacios, puentes y jardines que no se pueden regar sin el agua de los manchegos. Pero mientras se perpetúe la política de inauguración de fachadas seguirá siendo un infierno ir al médico de su ambulatorio o que a su hijo le den una enseñanza de calidad en el instituto de su barrio. ¿Acaso eso le importa a alguien? ¡Que sigan sonando los pasodobles de antaño! Camps, Rita y los suyos saben que, ante el caos, ésa es la mejor medicina. Yo siempre he preferido a Bach porque concibe el mundo como un lugar armónico en el que el hombre está a salvo. Así me quito tanta caspa de encima. Lo que probablemente no sospechen los populares es que cada vez somos más los concienciados del caos y menos los que participamos de su falso cosmos.
Hasta mañana valencianos indefensos. Hasta mañana rectores en la ruina. Hasta mañana médicos emigrantes. Hasta mañana J.
En no pocos corrillos se podían escuchar quejas contra la gestión de la sanidad de los responsables políticos valencianos pero siempre había una contrarréplica en defensa de la alcaldesa más populista de la historia española. Yo tengo la teoría de que mientras la gente siga tan cegada dejándose embaucar por los populares con su tirón fallero y similares glorias festivas patrimonio del pueblo, la cosa no cambiará. Hace pocos días Rita Barberá se rodeó de pompa y boato como es costumbre en ella para llamar por teléfono a sus falleras del año. La alegría de las familias que confirmaron la noticia de que sus hijas serían la imagen viva de la fiesta ante el mundo, contrasta con la desesperación por la que atravesiesan los rectores de la Universidad de Valencia. Éstos dicen que la situación económica es insostenible fruto de la deuda que tiene la Generalitat con dicha institución. El rector afirma que la situación será absolutamente insoportable para las cinco universidades públicas de nuestro territorio. Todo esto lo pueden ver en la página web de la propia universiadad pero aquí les dejo un enlace más breve para que hagan picoteo.
Otra voz de alarma grita desesperadamente hoy. Nos referimos al estudio que ha realizado la firma de recursos humanos Adecco en la Comunitat. En nuestro suelo faltan mil doscientos médicos en total. De ellos se estima que aproximadamente hacen falta unos novecientos generalistas y unos trescientos especialistas. Sumen, resten y verán como las cuentas cuadran. Los médicos que buscamos todos desesperadamente sencillamente no están en España ni tampoco aquí en casa. Se fueron a lugares donde estaban mucho mejor pagados y gozaban de más prestigio y reconocimiento social. Me pregunto si tendrá algo que ver lo que les estoy contando con mi espera de ayer ante las puertas de la consulta médica.
Resumiendo: los políticos conservadores de la Comunitat Valenciana han aprendido mucho de la filosofía griega que les enseñaron sus profesores de pago en los años mozos. Tenemos mucho caos, mucho desmadre y la casa desatendida. Eso se combate con una buena dosis de cosmos: exaltación fallera, inauguración de palacios, puentes y jardines que no se pueden regar sin el agua de los manchegos. Pero mientras se perpetúe la política de inauguración de fachadas seguirá siendo un infierno ir al médico de su ambulatorio o que a su hijo le den una enseñanza de calidad en el instituto de su barrio. ¿Acaso eso le importa a alguien? ¡Que sigan sonando los pasodobles de antaño! Camps, Rita y los suyos saben que, ante el caos, ésa es la mejor medicina. Yo siempre he preferido a Bach porque concibe el mundo como un lugar armónico en el que el hombre está a salvo. Así me quito tanta caspa de encima. Lo que probablemente no sospechen los populares es que cada vez somos más los concienciados del caos y menos los que participamos de su falso cosmos.
Hasta mañana valencianos indefensos. Hasta mañana rectores en la ruina. Hasta mañana médicos emigrantes. Hasta mañana J.
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