Vengo denunciando desde hace mucho tiempo la necesidad de reconversión que tienen las instituciones educativas en nuestro país. Ahora me escandaliza y me aterra el nuevo informe del Observatorio Escolar de la Convivencia que sostiene que dos de cada tres adolescentes se niegan a compartir pupitre con un marroquí o gitano. Movimiento contra la Intolerancia ha puesto el grito en el cielo para hacerse un hueco en la agenda informativa en medio de tanto parado, cifras macroeconómicas y batacazos bursátiles.
Los colegios son nidos de discriminación, de intolerancia, de xenofobia y exclusión del diferente y eso no es nada nuevo. Los educadores sabemos perfectamente lo que se cuece a pie de aula y, por eso, porque lo sabemos intentamos guardar el tipo como podemos a la vez que levantamos la voz frente a las injusticias que vemos cometer a diario delante de nuestras narices.
El tristemente famoso Informe PISA no para de recordarnos que las aulas españolas no son un modelo, ni de lejos, de convivencia y tolerancia. Más bien radiografía un calamitoso entramado de situaciones en las que el profesor lucha por ganarse el respeto de sus alumnos (con eso ya se va medio curso) y por promover el respeto entre los compañeros de clase el tiempo restante. Con el poco tiempo que le queda en su jornada laboral y si sus fuerzas se lo permiten, el maestro imparte algunos contenidos que versan sobre una asignatura que fue para la que se preparó con ilusión la oposición. Como puede observarse las matemáticas, la geografía y las ciencias naturales han cedido casi la totalidad de su protagonismo a las acciones paternalistas que ahora desempeña el maestro en vez de cubrir los contenidos de su temario. Es absolutamente cierto que se debe anteponer una enseñanza humanizante a una técnica y así, con el comportamiento hostil y agresivo de muchos de nuestros alumnos en el centro escolar, raramente se llega a la meta propuesta al inicio del curso y se acumulan deficiencias que pueden precipitar al fracaso entre nuestros jóvenes. Las cifras de fracaso escolar en nuestro medio van en consonancia con el mal ambiente que se respira en las clases.
Los padres culpabilizan a los maestros de todo este escenario. Los maestros saben bien que el principal problema se resolvería si los niños viniesen de sus casas con unos valores y una mínima educación aprendida. Mientras seguimos enganchados en cruces de acusaciones infructuosos, las cifras pasan del estado grave al coma profundo a medida que pasan los años y la cosa se agudiza. Pero en este análisis mío hay un error continuamente perpetuado por muchos que conviene reparar. No es cierto que los niños o adolescentes no vengan "educados" de sus casas. Es imposible que lleguen al centro en estado de tabula rasa y el maestro se ponga a escribir sobre la pizarra vacía de sus cabezas. Lo que llega a los centros son niños que ya han oído antes despreciar a esos mismos gitanos o maricones. Nos llegan adultos en construcción que han visto ya en no pocas ocasiones discriminar, juzgar y condenar a los que no son como ellos. ¿Se imaginan de dónde han mamado esas ideas los niños que impiden el ejercicio tranquilo del docente y el desarrollo intelectual de sus compañeros? Les doy una pista, por si les sirve de ayuda. El lema de pancarta aquel del Foro de la Familia (la familia heterosexual, de derechas y ultracatólica, claro) "La familia sí que importa" guarda en su interior las claves para desfacer este entuerto. Y si logran desfacerlo se percatarán de que muchos de esos alumnos que practican el terrorismo adolescente con sus compañeros y maestros tienen padres que se preocuparon antes de llevarlos a la catequesis en la mejor parroquia del pueblo que de los contenidos de Educación para la Ciudadanía. Más bien esos mismos padres objetaron contra la asignatura movidos por algún gobierno regional aburrido que quería animar el cotarro. ¿Se imaginan lo complicadas que pueden llegar a ser las reuniones con los papás de Pepito porque no deja a sus compañeros de clase en paz y les roba el bocadillo? Y luego se quejan los del PSOE por tener que aguantar a Rajoy. A este por lo menos le han sentado bien las clases de catequesis de los domingos por la tarde en algún barrio de Pontevedra.
Hasta mañana educadores vocacionales. Hasta mañana maleducados padres con maleducados hijos. Hasta mañana educadores de catecismo y pancarta. Hasta mañana J.
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lunes, 27 de octubre de 2008
miércoles, 17 de septiembre de 2008
Acción-reacción
Dentro del hondo pesar que arrastro desde hace meses cuando el gobierno de Berlusconi intentó crear un registro con las huellas dactilares de los gitanos de su país, aún queda un pequeño coto para la alegría. Me satisface ver que en condiciones extremas, la sociedad europea todavía reacciona a las agresiones de sus mandatarios. La ocurrencia de Berlusconi para "proteger a los menores" no tiene posible calificación. El Parlamento Europeo tuvo que pararle los pies este verano por el trasfondo xenófobo de estas prácticas. Un dato quizá se nos escapó enmedio de la indignación de aquellos días. Todo el Europarlamento se opuso a estas medidas y las encontró injustificadas, a exepción del grupo Popular Europeo. Éstos intentaron paralizar las votaciones pero no lo consiguieron.
Con el cuerpo aún caliente de aquel cadáver, al inicio del curso se ha sumado otro a la lista de despropósitos que regala la derecha en aquellos territorios en los que gobierna. Ahora es Aguirre la que luce su traje de "pocas luces" por el distrito de Villaverde en Madrid. La que se ha liado en el colegio San Roque ha sido monumental de las Ventas. La Consejería de Educación decidió, en mal momento, separar por un lado a gitanos e inmigrates y por el otro a los alumnos españoles. Todo ello para "intentar mejorar" la educación de los hijos de unos padres que dicen no haber sido correctamente informados de esas intenciones.
Las manifestaciones de la comunidad gitana no se han hecho esperar. Y es que esto huele mal, muy mal. Lo que se quisiera hacer en un centro privado nunca sería lo conveniente para uno público. Lo que ocurre en los centros concertados es un expediente X que ya resolverá Iker Jiménez en su Milenio3, aunque todos acumulamos pistas por lo que vemos y oímos a diario. En medio de esta batalla campal con la cantinela de fondo de Educación para la Ciudadanía impartida en inglés por héroes de cómic en la Comunidad Valenciana, todavía me queda un poco de resuello cuando pienso en la inauguración ayer de la I Cumbre de la UE sobre los gitanos y en las voces levantadas de unos padres indignados a las puertas del colegio de sus hijos. Parece que estos no se van a callar como lo hizo para su vergüenza la comunidad homosexual cuando los obispos salieron con el catecismo y el PP a la Plaza de Colón. Hasta mañana aprendices de asertividad. Hasta mañana minorías hastiadas. Hasta mañana J.
Con el cuerpo aún caliente de aquel cadáver, al inicio del curso se ha sumado otro a la lista de despropósitos que regala la derecha en aquellos territorios en los que gobierna. Ahora es Aguirre la que luce su traje de "pocas luces" por el distrito de Villaverde en Madrid. La que se ha liado en el colegio San Roque ha sido monumental de las Ventas. La Consejería de Educación decidió, en mal momento, separar por un lado a gitanos e inmigrates y por el otro a los alumnos españoles. Todo ello para "intentar mejorar" la educación de los hijos de unos padres que dicen no haber sido correctamente informados de esas intenciones.
Las manifestaciones de la comunidad gitana no se han hecho esperar. Y es que esto huele mal, muy mal. Lo que se quisiera hacer en un centro privado nunca sería lo conveniente para uno público. Lo que ocurre en los centros concertados es un expediente X que ya resolverá Iker Jiménez en su Milenio3, aunque todos acumulamos pistas por lo que vemos y oímos a diario. En medio de esta batalla campal con la cantinela de fondo de Educación para la Ciudadanía impartida en inglés por héroes de cómic en la Comunidad Valenciana, todavía me queda un poco de resuello cuando pienso en la inauguración ayer de la I Cumbre de la UE sobre los gitanos y en las voces levantadas de unos padres indignados a las puertas del colegio de sus hijos. Parece que estos no se van a callar como lo hizo para su vergüenza la comunidad homosexual cuando los obispos salieron con el catecismo y el PP a la Plaza de Colón. Hasta mañana aprendices de asertividad. Hasta mañana minorías hastiadas. Hasta mañana J.
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