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lunes, 27 de octubre de 2008

Terrorismo adolescente y adulto

Vengo denunciando desde hace mucho tiempo la necesidad de reconversión que tienen las instituciones educativas en nuestro país. Ahora me escandaliza y me aterra el nuevo informe del Observatorio Escolar de la Convivencia que sostiene que dos de cada tres adolescentes se niegan a compartir pupitre con un marroquí o gitano. Movimiento contra la Intolerancia ha puesto el grito en el cielo para hacerse un hueco en la agenda informativa en medio de tanto parado, cifras macroeconómicas y batacazos bursátiles.
Los colegios son nidos de discriminación, de intolerancia, de xenofobia y exclusión del diferente y eso no es nada nuevo. Los educadores sabemos perfectamente lo que se cuece a pie de aula y, por eso, porque lo sabemos intentamos guardar el tipo como podemos a la vez que levantamos la voz frente a las injusticias que vemos cometer a diario delante de nuestras narices.
El tristemente famoso Informe PISA no para de recordarnos que las aulas españolas no son un modelo, ni de lejos, de convivencia y tolerancia. Más bien radiografía un calamitoso entramado de situaciones en las que el profesor lucha por ganarse el respeto de sus alumnos (con eso ya se va medio curso) y por promover el respeto entre los compañeros de clase el tiempo restante. Con el poco tiempo que le queda en su jornada laboral y si sus fuerzas se lo permiten, el maestro imparte algunos contenidos que versan sobre una asignatura que fue para la que se preparó con ilusión la oposición. Como puede observarse las matemáticas, la geografía y las ciencias naturales han cedido casi la totalidad de su protagonismo a las acciones paternalistas que ahora desempeña el maestro en vez de cubrir los contenidos de su temario. Es absolutamente cierto que se debe anteponer una enseñanza humanizante a una técnica y así, con el comportamiento hostil y agresivo de muchos de nuestros alumnos en el centro escolar, raramente se llega a la meta propuesta al inicio del curso y se acumulan deficiencias que pueden precipitar al fracaso entre nuestros jóvenes. Las cifras de fracaso escolar en nuestro medio van en consonancia con el mal ambiente que se respira en las clases.
Los padres culpabilizan a los maestros de todo este escenario. Los maestros saben bien que el principal problema se resolvería si los niños viniesen de sus casas con unos valores y una mínima educación aprendida. Mientras seguimos enganchados en cruces de acusaciones infructuosos, las cifras pasan del estado grave al coma profundo a medida que pasan los años y la cosa se agudiza. Pero en este análisis mío hay un error continuamente perpetuado por muchos que conviene reparar. No es cierto que los niños o adolescentes no vengan "educados" de sus casas. Es imposible que lleguen al centro en estado de tabula rasa y el maestro se ponga a escribir sobre la pizarra vacía de sus cabezas. Lo que llega a los centros son niños que ya han oído antes despreciar a esos mismos gitanos o maricones. Nos llegan adultos en construcción que han visto ya en no pocas ocasiones discriminar, juzgar y condenar a los que no son como ellos. ¿Se imaginan de dónde han mamado esas ideas los niños que impiden el ejercicio tranquilo del docente y el desarrollo intelectual de sus compañeros? Les doy una pista, por si les sirve de ayuda. El lema de pancarta aquel del Foro de la Familia (la familia heterosexual, de derechas y ultracatólica, claro) "La familia sí que importa" guarda en su interior las claves para desfacer este entuerto. Y si logran desfacerlo se percatarán de que muchos de esos alumnos que practican el terrorismo adolescente con sus compañeros y maestros tienen padres que se preocuparon antes de llevarlos a la catequesis en la mejor parroquia del pueblo que de los contenidos de Educación para la Ciudadanía. Más bien esos mismos padres objetaron contra la asignatura movidos por algún gobierno regional aburrido que quería animar el cotarro. ¿Se imaginan lo complicadas que pueden llegar a ser las reuniones con los papás de Pepito porque no deja a sus compañeros de clase en paz y les roba el bocadillo? Y luego se quejan los del PSOE por tener que aguantar a Rajoy. A este por lo menos le han sentado bien las clases de catequesis de los domingos por la tarde en algún barrio de Pontevedra.
Hasta mañana educadores vocacionales. Hasta mañana maleducados padres con maleducados hijos. Hasta mañana educadores de catecismo y pancarta. Hasta mañana J.

martes, 23 de septiembre de 2008

Mujeres de la mala vida... que le dan los hombres

El rentable negocio de la prostitución nos asalta en cada esquina. Pero lo que vemos por las calles sólo es una pequeña repisa del enorme escaparate que hay detrás de sostenes fuxias y cabelleras rubias decoloradas. En España se calcula que puede haber aproximadamente unas cuatrocientas mil prostitutas, con lo que habría una mujer vendiendo su cuerpo por cada treinta y ocho hombres. Estos datos no tienen en cuenta la nada desdeñable cantidad de mujeres que ofrecen sus servicios en pisos particulares sin ningún tipo de intermediarios.
Oigo hablar de este dramón subido a tacones refiriéndose a él como el "oficio más antiguo del mundo". Ejercer es un verbo demasiadas veces prostituído al relacionarlo con la triste realidad de la que vende su cuerpo para poder comer o alimentar a sus hijos. Sólo se ejerce desde la más plena libertad después de haber acumulado una experiencia y conocimientos óptimos. La sociedad machista y patriarcal en la que nos instalamos desde hace siglos, ha hecho uso de una larga lista de eufemismos para quitarse de encima la responsabilidad de esta mancha de petróleo emocional que nos alcanza a todos.
La explotación de la mujer y su comercio sexual mueve un total de cinco millones de euros mensuales en publicidad sólo en uno de nuestros periódicos nacionales. Hablamos del segundo negocio mundial más lucrativo, después del tráfico de armas y antes que el tráfico de drogas.
La angustia que sufren las que se ven sometidas a los caprichos de sus clientes (que en realidad son clientes de los que están por encima y conducen Mercedes) es brutal. Estas prácticas sexuales denigrantes suelen ir aderezadas de malos compañeros de viaje como las drogas y el alcohol. Un cóctel molotov que mantiene presa del pánico a la mujer en muchos países civilizados del planeta. Un laberinto sin salida del que muy pocas logran escapar por el peso de unos grilletes impuestos por haber nacido con pechos y vagina.
Olvidamos desgraciadamente que, además de seres genitales nuestras madres, abuelas, hermanas, primas, amigas o jefas también son seres racionales, emocionales y no autómatas que reproducen estereotipias como robots. Son capaces de hacer muchas cosas para el bien del planeta, tales como criar, cuidar, parir, engendrar, acariciar, dirigir, dialogar, decidir... y serían perfectas evangelizadoras de una iglesia que prescindió de su alma durante doce siglos para después devolvérsela. Claro, el alma les corresponde, el poder no.
Combatir la prostitución se torna un arduo trabajo cuando el colectivo maltratado ya se ha emputecido, es decir, se ha terminado creyendo aquello de que ellas lo hacen libremente, que pueden dejarlo cuando quieran, que nadie les obliga a nada o que su chulo las quiere y las protege como nadie. Este lavado de cerebro, unido a la continua demanda de una sociedad miope, deja tanta huella en miles de almas pintadas de carmín que hacen falta muchos Indianas Jones para rescatar a las emputecidas de las garras del mercado de la carne, uno de los más humillantes y feroces de cuantos existen.
Para el día de mi boda elegí la lectura de un poema de Luis Cernuda (en el que el poeta llora su imposibilidad de amar publicamente a un igual) titulado: "Si el hombre pudiera decir lo que ama." Si la mujer pudiera decir lo que quiere, seguro que nunca querría esto para ella. Pero tranquilos pueden estar los chulos, porque no dirá nada mientras se le parta la boca al abrirla.
Hasta mañana honradas abuelas, madres y hermanas. Hasta mañana hombres de cincuenta euros. Hasta mañana mujeres en busca de su rescatador. Hasta mañana J.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Una familia como otra cualquiera

La noticia saltó a la palestra gracias a un medio progresista de gran repercusión en nuestro país. Me refiero a la discriminación sufrida por una familia integrada por dos mamás y sus dos hijas cuando intentaban formalizar la matrícula de las pequeñas. Después de varias entrevistas con una de las madres y asegurarles el colegio la disponibilidad de plazas, las madres y sus pequeñas fueron despedidas con viento fresco del cole al percatarse los docentes y la dirección del tipo de familia que se trataba. Sin dar ninguna explicación, la encargada de enseñarles las instalaciones a las madres se refugió en un cambio drástico al comunicarles que en ese momento, sintiéndolo mucho, no había ni una sóla plaza en el colegio. La perplejidad de las madres fue morrocotuda. Con el alma encogida y sospechando lo peor, salen del colegio aguantando las lágrimas y deciden llamar a un amigo íntimo. Le piden el favor de que llame al colegio para preguntar si hay plazas libres y ya sabéis la respuesta. Había plazas libres para este señor desconocido para el colegio pero no para las lesbianas que empezaban su peregrinación por el sufrimiento que causa el rechazo social hacia un hijo.
Ayer leí esta misma noticia en el periódico al medio día, pero donde se le dio vida y voz a la noticia fue en el programa "La ventana" de Gemma Nierga. Puedo decir que ayer lloré la noticia al escuchar la voz de las dos madres desesperadas defendiéndose de la hipocresía de una directora que se ocultó tras protocolos y datos para mentir de la manera más bárbara.
Boris Izaguirre y Gemma Nierga, siguiendo una política de empresa muy loable, socorrieron a dos madres hundidas. Siempre recordaré, si algún día el tema de la homosexualidad en España se normaliza cien por cien, la labor de este grupo de medios de comunicación. Con una bondad digna de una madre que entiende el dolor de otra, la directora del programa les preguntó ante todo el país: "¿cuánto os ha costado y cuánto habéis meditado crear esta familia? Y ahora no vais a consentir esto, claro. Os prometemos echaros una mano cada vez que podamos. Haremos siempre lo que esté en nuestra mano para denunciar la homofobia encubierta de tanta gente. Ánimo y adelante, contáis con nosotros." Es ahí donde yo, pobre radioescucha (como decía una antigua amiga venezolana directora de un programa de radio) me derrumbo y me alegro a la vez de haberles dicho tantas veces a los comunicadores de este grupo que son como de nuestra familia. Y es que, a veces, cuando tu familia es rechazada fuera, por la hipocresía y la maldad o embrutecimiento de la sociedad, da igual que sea un programa de radio o de televisión el que escuche y respete. Ahí es donde vemos a los nuestros, a nuestros auténticos padres, hermanos o tíos que muchas veces no estuvieron donde les correspondía.
Hasta mañana medios de comunicación bien formados e informados. Hasta mañana Gemma, madre-hermana putativa. Hasta mañana estómagos resentidos del colectivo homosexual. Hasta mañana familias como cualquieras otras. Hasta mañana J.