La sociedad valenciana en su conjunto está hoy de celebración. Ha caído la torpeza de nuestra clase política. Se ha derrotado la soberbia de los que, con el respaldo de los votos del pueblo en las urnas, creen poder hacer lo que les venga en gana cuando acarician el poder. Pero la mata de pelo suave y algodonada de esa criatura llamada poder, por la que pasan la mano nuestros representantes de las instituciones, se torna a veces áspera y espinosa. Entonces, la mano acostumbrada de tiempo al terciopelo sufre la tortura de las nuevas y punzantes cerdas que son la voz alzada en forma de protesta. Siempre se repite la misma historia. Es como si el poder tuviera vida propia. Es como una criatura en adopción a la que según se alimente devuelve risas o llantos, placer o dolor extremo a sus criadores.
Por fin, la Generalitat de Francisco Camps, ha reculado en su locura de impartir Educación para la Ciudadanía en inglés. Desde el comienzo de curso se han venido gestando, cada vez con más fuerza, argumentos y posiciones contrarias a estas directrices del Gobierno valenciano. Hoy la risa se le ha borrado de la boca, en asunto tan delicado como este, al PP de Camps. Con la comunidad educativa plantando cara desde el principio (en forma de Plataforma por la Enseñanza Pública) a nuestros representantes amantísimos de poder y fama les ha salido carísima la jugada. Ellos mismos han reconocido, con algunas ayudas indispensables en el camino, la imposibilidad de extender el inglés a través de esta materia por la falta de profesores especialistas y el bajo nivel de comprensión de Secundaria. Con la huelga inminente de este miércoles en el sector, los encierros en institutos y protestas multitudinarias en la calle de las pasadas semanas, el tan ninguneado pueblo que colocó en silla de piel a los que ahora dirigen el cotarro, se ha salido con la suya. En la sala de máquinas del PP valenciano se tiran de los pelos. No era posible, aunque alguien les sedujo con la idea contraria, apalear a Zapatero una vez más con el pretexto de una asignatura que defiende TODOS los modelos de familia. El pueblo no lo compró y no consintió el capricho y la excentricidad de los guionistas de "Acabar con la Moncloa Roja" parte tres. Quizá será que el pueblo tiene memoria. Puede ser que los hombres y mujeres que han unido sus voces estos meses recuerden que la primera entrega de la trilogía de la factoría pepera versó sobre terrorismo, la segunda sobre el rompimiento de España y la tercera trató del llamamiento a la rebelión en respuesta al intento de otro gobierno de educarnos en valores. ¡Lástima que este estreno nunca lo veamos en cartelera! Ahora que el título se ha desterrado y los ideólogos del guión serán castigados a las mazmorras del olvido, veremos cómo se apuntan de nuevo a culpar al Ejecutivo de la crisis económica. Porque en esto también ha hecho mucho daño Zapatero. Tanto que, con fórmulas como las que él defiende, intenta sobreponerse el mundo de los zarpazos de la avaricia descontrolada de los neocons. Ya me lo decía mi abuela dándome una de sus clases magistrales de vida: la avaricia rompe el saco. Claro que, rectificar es de sabios. Nuestros alumnos no parece que estén iluminados por el atributo de la sabiduría pero ahora parecen estar más cerca de aprender a respetar a todo el mundo por igual.
Hasta mañana Gobierno sabio a la fuerza. Hasta mañana comodona oposición valenciana. Hasta mañana J.
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lunes, 15 de diciembre de 2008
martes, 9 de diciembre de 2008
A tan sólo trescientos euros de distancia
El país del yogur y de la democracia, ese mismo al que siempre miran los homosexuales idílicamente para explicar cómo sus antepasados consiguieron días de perfecta conviviencia y tolerancia entre toda condición sexual, se halla sumido en una de las mayores crisis de sus últimos años de historia.
Miles de manifestantes han tomado las calles armados con adoquines, bates y cócteles Molotov en muestra de su monumental enfado debido a diferentes causas. La crisis económica mundial ha sido la enésima puñalada que recibe a estas horas una sociedad rota y defraudada por la clase política. Pero el embrión de la desgracia comenzó a gestarse hace unos años, en el momento en que Grecia se sube al carro del euro. La vida se encarece tanto y los sueldos se petrifican del tal modo que la tensión social va en aumento. Desciende de manera notable el consumo y cae en picado la capacidad adquisitiva de las clases medias. Para entenderlo mejor, hoy se habla en Grecia de toda una generación ahogada sin posibilidad alguna fuera de la mera supervivencia: la generación de los setecientos euros. Muchos de esos vándalos que queman escaparates de tiendas, coches y contenedores estos días son muchachos jóvenes sin trabajo. El paro en Grecia llega a alcanzar unos niveles tan alarmantes como merecedores del primer puesto en el ranking europeo.
Luego tenemos lo de los políticos, esa especie aparte que parasita (en ocasiones) viviendo de la ciudadanía pero de espaldas a ella. Y eso es precisamente lo que ha pasado en Grecia. El descontento es tanto y tan profundo que ha bastado un sólo grito de guerra para que la manada se una sin dilación presta a tomar la calle y asumir el control ahora a la deriva. Las bases de la educación también pincharon hace años. Los jóvenes que se expresan vienen sin encontrar su sitio en las aulas desde hace ya un tiempo. Su lenguaje no puede ser otro que el del empujón y el grito, por cierto el mismo con el que han sido tratados ellos.
El Gobierno de derechas se defiende. No da muchas explicaciones y las que da no convencen de la ubicación exacta de los dineros inyectados para resucitar al muerto bancario. Las pensiones de los que tiraron del país a sus espaldas están en grave peligro y mañana Grecia amanece en Huelga General.
Regresemos a casa por un momento. La educación aquí es uno de los fracasos rotundos de nuestro período democrático. La clase media española resiste mal, muy mal los envites de la crisis mundial. Se suma el drama derivado del paletismo ladrillil recién explotado. Una juventud desilusionada y que abandona prematuramente su formación para llevarse a los bolsillos mil miserables euros al mes y una fauna política en busca de mejor calificativo. Mi madre, pesimista ella por naturaleza, dice que a esto le ve muy mala cara. España está en la ruina dice ella con su gramática parda. Mañana le contaré que hoy me he enterado de que estamos justo a trescientos euros de distancia de la ruina. ¡Qué miedo, sólo trescientos euros nos separan del caos! Mi madre meneará la cabeza y, en breve, se saldrá con la suya. Nuestro orden social ahora sabemos que tiene un valor de trescientos euros. Es el precio que se ha puesto a la nueva savia que había de regenerar Europa. Hasta aquí nuestra última clase de economía aplicada. Próximamente más.
Hasta mañana hermanos de la pobreza. Hasta mañana gobiernos en evidencia. Hasta mañana país en aparente calma. Hasta mañana J.
Miles de manifestantes han tomado las calles armados con adoquines, bates y cócteles Molotov en muestra de su monumental enfado debido a diferentes causas. La crisis económica mundial ha sido la enésima puñalada que recibe a estas horas una sociedad rota y defraudada por la clase política. Pero el embrión de la desgracia comenzó a gestarse hace unos años, en el momento en que Grecia se sube al carro del euro. La vida se encarece tanto y los sueldos se petrifican del tal modo que la tensión social va en aumento. Desciende de manera notable el consumo y cae en picado la capacidad adquisitiva de las clases medias. Para entenderlo mejor, hoy se habla en Grecia de toda una generación ahogada sin posibilidad alguna fuera de la mera supervivencia: la generación de los setecientos euros. Muchos de esos vándalos que queman escaparates de tiendas, coches y contenedores estos días son muchachos jóvenes sin trabajo. El paro en Grecia llega a alcanzar unos niveles tan alarmantes como merecedores del primer puesto en el ranking europeo.
Luego tenemos lo de los políticos, esa especie aparte que parasita (en ocasiones) viviendo de la ciudadanía pero de espaldas a ella. Y eso es precisamente lo que ha pasado en Grecia. El descontento es tanto y tan profundo que ha bastado un sólo grito de guerra para que la manada se una sin dilación presta a tomar la calle y asumir el control ahora a la deriva. Las bases de la educación también pincharon hace años. Los jóvenes que se expresan vienen sin encontrar su sitio en las aulas desde hace ya un tiempo. Su lenguaje no puede ser otro que el del empujón y el grito, por cierto el mismo con el que han sido tratados ellos.
El Gobierno de derechas se defiende. No da muchas explicaciones y las que da no convencen de la ubicación exacta de los dineros inyectados para resucitar al muerto bancario. Las pensiones de los que tiraron del país a sus espaldas están en grave peligro y mañana Grecia amanece en Huelga General.
Regresemos a casa por un momento. La educación aquí es uno de los fracasos rotundos de nuestro período democrático. La clase media española resiste mal, muy mal los envites de la crisis mundial. Se suma el drama derivado del paletismo ladrillil recién explotado. Una juventud desilusionada y que abandona prematuramente su formación para llevarse a los bolsillos mil miserables euros al mes y una fauna política en busca de mejor calificativo. Mi madre, pesimista ella por naturaleza, dice que a esto le ve muy mala cara. España está en la ruina dice ella con su gramática parda. Mañana le contaré que hoy me he enterado de que estamos justo a trescientos euros de distancia de la ruina. ¡Qué miedo, sólo trescientos euros nos separan del caos! Mi madre meneará la cabeza y, en breve, se saldrá con la suya. Nuestro orden social ahora sabemos que tiene un valor de trescientos euros. Es el precio que se ha puesto a la nueva savia que había de regenerar Europa. Hasta aquí nuestra última clase de economía aplicada. Próximamente más.
Hasta mañana hermanos de la pobreza. Hasta mañana gobiernos en evidencia. Hasta mañana país en aparente calma. Hasta mañana J.
lunes, 1 de diciembre de 2008
Doctor, doctor, me duele aquí. Pues váyase allí
Las agresiones al colectivo médico van en aumento en los últimos años. Hoy se han conocido datos en nuestra Comunitat que ponen el vello de punta. Se estima que hay una media de ocho incidentes de este tipo al mes sobre todo en las consultas de Urgencias médicas y guardias de atención primaria. Lo que sabemos procede de las pocas denuncias que cursan cuando el médico es insultado, amenazado o agredido físicamente por lo que es de suponer que, en el silencio que alimenta el miedo, quedan atrapadas muchas otras faltas de respeto que nunca salen a la luz. Conozco bien el funcionamiento de la sanidad pública por mis achaques crónicos y eso me permite ojear el panorama a vista de usuario. A mi paso encuetro de todo pero lo que más abunda son excelentes profesionales más aún en el grado de especialistas. Hasta que uno llega a ese nivel en la jerarquía médica suele toparse con una base sanitaria descontenta y estresada que conoce mucho de su oficio de curar pero desconoce otro tanto de cualquier patología que se salga del resfriado común o gripe, dolor de espalda, otitis o heridas infectadas... Tampoco tiene el médico de familia mucho a su favor para el buen ejercicio de sus conocimientos, la verdad sea dicha. Todo son zancadillas. La administración le pisa los talones con una media establecida para consulta de tres o cuatro minutos por paciente. A duras penas en ese instante fugaz da tiempo para saludar correctamente, despedirse con educación y que el médico estampe su número de colegiado en dos o tres recetas.
A la más mínima inseguridad frente a la dolencia que aqueja al paciente su médico le dirá la famosa frase: "tiene usted que ir al especialista. Pásese por la ventanilla de abajo y pida cita". Y luego el caminito monte arriba también lo conocen. Una media de tres meses (por decir algo prudente) hasta que el verdadero doctor, el que tiene conocimientos para darle la solución, le ve la cara. Sana, sana que si no curas hoy, curarás mañana.
Durante los últimos años hemos venido observando cómo han perdido valía aquellos médicos llamados antaño de cabecera. Cada vez hay menos conversación y más prisa. Resulta imposible que uno de estos médicos de atención primaria lo conozca a uno y siga una evolución natural de su dolencia. Todo eso lo hemos tirado por la borda. A la vez se ha "ganado en derechos" y a la mínima antipatía entre médico y enfermo ponemos en uso el comodín de acudir a la ventanilla para todo y solicitar el cambio de médico. Lo malo es que pronto nos damos cuenta de que el siguiente tendrá los mismos factores de estrés en contra para la buena realización de su desempeño y todo volvera al principio, perpetuándose así la desesperación y la rabia de los de uno y otro lado del mostrador.
Sin embargo nuestro sistema sanitario es serio y profesional cuando toca. Las bajas instancias (no deberían nunca tenerse como tales ni haber llegado a este extremo de degradación) se han sentido obligadas a burocratizar uno de los más bellos oficios del hombre: ayudar y promover el restablecimiento de la salud. Todo esto me recuerda a aquel chiste tan malo como profético para el caso: doctor, doctor me duele aquí. Pues váyase allí.
Presionados con la soga al cuello por un sistema derrochador y rácano a la vez, obsesionado en rellenar formularios, nuestros médicos de ambulatorio soportan un estrés inconveniente para poder centrarse en el componente humano del enfermo y, con el viento totalmente en contra, he de decir que la mayoría de los que he consultado consigue cruzar unas pocas frases humanas con su paciente antes de dar la entrada al siguiente. Este es el drama de la sanidad en España. Un drama silencioso y lorquiano de una administración que esconde sus basuras debajo de la alfombra. Luego tenemos a los matones de barrio. Esos pacientes o padres de alumnos (si les cambianos el escenario) que traspasan la barrera cuerda de la asertividad para convertirse en matones.
Entiendo que mantener un sistema de salud como el nuestro o el educativo resulte carísimo y ahora no estamos para tirar cohetes. Considero, sin embargo, que parte de la solución pasa por dotar de más autoridad a figuras como el médico y el profesor en nuestro país, pero autoridad real y no sólo sobre el papel. ¿Tanto cuesta eso? ¿No nos sale más caro pagar las bajas laborales de estos colectivos hartos y rotos por no poder dedicarse a lo que les gusta? Como siga la cosa así ya me imagino visitando a un médico blindado con pantalla de cristal o por web cam desde mi casa. Tampoco nos vendría mal recordar que el calor humano es otro de los coadyuvantes en la recuperación de la salud y ése no se estampa en una receta.
Matones de ambulatorio y médicos mediocres a parte nuestro sistema sanitario da muestras de clara enfermedad y lo mejor siempre en estos casos es pillarla a tiempo.
Hasta mañana suertudos lectores ajenos a este espectáculo. Hasta mañana enfermos que soportáis la derivación. Hasta mañana J.
A la más mínima inseguridad frente a la dolencia que aqueja al paciente su médico le dirá la famosa frase: "tiene usted que ir al especialista. Pásese por la ventanilla de abajo y pida cita". Y luego el caminito monte arriba también lo conocen. Una media de tres meses (por decir algo prudente) hasta que el verdadero doctor, el que tiene conocimientos para darle la solución, le ve la cara. Sana, sana que si no curas hoy, curarás mañana.
Durante los últimos años hemos venido observando cómo han perdido valía aquellos médicos llamados antaño de cabecera. Cada vez hay menos conversación y más prisa. Resulta imposible que uno de estos médicos de atención primaria lo conozca a uno y siga una evolución natural de su dolencia. Todo eso lo hemos tirado por la borda. A la vez se ha "ganado en derechos" y a la mínima antipatía entre médico y enfermo ponemos en uso el comodín de acudir a la ventanilla para todo y solicitar el cambio de médico. Lo malo es que pronto nos damos cuenta de que el siguiente tendrá los mismos factores de estrés en contra para la buena realización de su desempeño y todo volvera al principio, perpetuándose así la desesperación y la rabia de los de uno y otro lado del mostrador.
Sin embargo nuestro sistema sanitario es serio y profesional cuando toca. Las bajas instancias (no deberían nunca tenerse como tales ni haber llegado a este extremo de degradación) se han sentido obligadas a burocratizar uno de los más bellos oficios del hombre: ayudar y promover el restablecimiento de la salud. Todo esto me recuerda a aquel chiste tan malo como profético para el caso: doctor, doctor me duele aquí. Pues váyase allí.
Presionados con la soga al cuello por un sistema derrochador y rácano a la vez, obsesionado en rellenar formularios, nuestros médicos de ambulatorio soportan un estrés inconveniente para poder centrarse en el componente humano del enfermo y, con el viento totalmente en contra, he de decir que la mayoría de los que he consultado consigue cruzar unas pocas frases humanas con su paciente antes de dar la entrada al siguiente. Este es el drama de la sanidad en España. Un drama silencioso y lorquiano de una administración que esconde sus basuras debajo de la alfombra. Luego tenemos a los matones de barrio. Esos pacientes o padres de alumnos (si les cambianos el escenario) que traspasan la barrera cuerda de la asertividad para convertirse en matones.
Entiendo que mantener un sistema de salud como el nuestro o el educativo resulte carísimo y ahora no estamos para tirar cohetes. Considero, sin embargo, que parte de la solución pasa por dotar de más autoridad a figuras como el médico y el profesor en nuestro país, pero autoridad real y no sólo sobre el papel. ¿Tanto cuesta eso? ¿No nos sale más caro pagar las bajas laborales de estos colectivos hartos y rotos por no poder dedicarse a lo que les gusta? Como siga la cosa así ya me imagino visitando a un médico blindado con pantalla de cristal o por web cam desde mi casa. Tampoco nos vendría mal recordar que el calor humano es otro de los coadyuvantes en la recuperación de la salud y ése no se estampa en una receta.
Matones de ambulatorio y médicos mediocres a parte nuestro sistema sanitario da muestras de clara enfermedad y lo mejor siempre en estos casos es pillarla a tiempo.
Hasta mañana suertudos lectores ajenos a este espectáculo. Hasta mañana enfermos que soportáis la derivación. Hasta mañana J.
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lunes, 27 de octubre de 2008
Terrorismo adolescente y adulto
Vengo denunciando desde hace mucho tiempo la necesidad de reconversión que tienen las instituciones educativas en nuestro país. Ahora me escandaliza y me aterra el nuevo informe del Observatorio Escolar de la Convivencia que sostiene que dos de cada tres adolescentes se niegan a compartir pupitre con un marroquí o gitano. Movimiento contra la Intolerancia ha puesto el grito en el cielo para hacerse un hueco en la agenda informativa en medio de tanto parado, cifras macroeconómicas y batacazos bursátiles.
Los colegios son nidos de discriminación, de intolerancia, de xenofobia y exclusión del diferente y eso no es nada nuevo. Los educadores sabemos perfectamente lo que se cuece a pie de aula y, por eso, porque lo sabemos intentamos guardar el tipo como podemos a la vez que levantamos la voz frente a las injusticias que vemos cometer a diario delante de nuestras narices.
El tristemente famoso Informe PISA no para de recordarnos que las aulas españolas no son un modelo, ni de lejos, de convivencia y tolerancia. Más bien radiografía un calamitoso entramado de situaciones en las que el profesor lucha por ganarse el respeto de sus alumnos (con eso ya se va medio curso) y por promover el respeto entre los compañeros de clase el tiempo restante. Con el poco tiempo que le queda en su jornada laboral y si sus fuerzas se lo permiten, el maestro imparte algunos contenidos que versan sobre una asignatura que fue para la que se preparó con ilusión la oposición. Como puede observarse las matemáticas, la geografía y las ciencias naturales han cedido casi la totalidad de su protagonismo a las acciones paternalistas que ahora desempeña el maestro en vez de cubrir los contenidos de su temario. Es absolutamente cierto que se debe anteponer una enseñanza humanizante a una técnica y así, con el comportamiento hostil y agresivo de muchos de nuestros alumnos en el centro escolar, raramente se llega a la meta propuesta al inicio del curso y se acumulan deficiencias que pueden precipitar al fracaso entre nuestros jóvenes. Las cifras de fracaso escolar en nuestro medio van en consonancia con el mal ambiente que se respira en las clases.
Los padres culpabilizan a los maestros de todo este escenario. Los maestros saben bien que el principal problema se resolvería si los niños viniesen de sus casas con unos valores y una mínima educación aprendida. Mientras seguimos enganchados en cruces de acusaciones infructuosos, las cifras pasan del estado grave al coma profundo a medida que pasan los años y la cosa se agudiza. Pero en este análisis mío hay un error continuamente perpetuado por muchos que conviene reparar. No es cierto que los niños o adolescentes no vengan "educados" de sus casas. Es imposible que lleguen al centro en estado de tabula rasa y el maestro se ponga a escribir sobre la pizarra vacía de sus cabezas. Lo que llega a los centros son niños que ya han oído antes despreciar a esos mismos gitanos o maricones. Nos llegan adultos en construcción que han visto ya en no pocas ocasiones discriminar, juzgar y condenar a los que no son como ellos. ¿Se imaginan de dónde han mamado esas ideas los niños que impiden el ejercicio tranquilo del docente y el desarrollo intelectual de sus compañeros? Les doy una pista, por si les sirve de ayuda. El lema de pancarta aquel del Foro de la Familia (la familia heterosexual, de derechas y ultracatólica, claro) "La familia sí que importa" guarda en su interior las claves para desfacer este entuerto. Y si logran desfacerlo se percatarán de que muchos de esos alumnos que practican el terrorismo adolescente con sus compañeros y maestros tienen padres que se preocuparon antes de llevarlos a la catequesis en la mejor parroquia del pueblo que de los contenidos de Educación para la Ciudadanía. Más bien esos mismos padres objetaron contra la asignatura movidos por algún gobierno regional aburrido que quería animar el cotarro. ¿Se imaginan lo complicadas que pueden llegar a ser las reuniones con los papás de Pepito porque no deja a sus compañeros de clase en paz y les roba el bocadillo? Y luego se quejan los del PSOE por tener que aguantar a Rajoy. A este por lo menos le han sentado bien las clases de catequesis de los domingos por la tarde en algún barrio de Pontevedra.
Hasta mañana educadores vocacionales. Hasta mañana maleducados padres con maleducados hijos. Hasta mañana educadores de catecismo y pancarta. Hasta mañana J.
Los colegios son nidos de discriminación, de intolerancia, de xenofobia y exclusión del diferente y eso no es nada nuevo. Los educadores sabemos perfectamente lo que se cuece a pie de aula y, por eso, porque lo sabemos intentamos guardar el tipo como podemos a la vez que levantamos la voz frente a las injusticias que vemos cometer a diario delante de nuestras narices.
El tristemente famoso Informe PISA no para de recordarnos que las aulas españolas no son un modelo, ni de lejos, de convivencia y tolerancia. Más bien radiografía un calamitoso entramado de situaciones en las que el profesor lucha por ganarse el respeto de sus alumnos (con eso ya se va medio curso) y por promover el respeto entre los compañeros de clase el tiempo restante. Con el poco tiempo que le queda en su jornada laboral y si sus fuerzas se lo permiten, el maestro imparte algunos contenidos que versan sobre una asignatura que fue para la que se preparó con ilusión la oposición. Como puede observarse las matemáticas, la geografía y las ciencias naturales han cedido casi la totalidad de su protagonismo a las acciones paternalistas que ahora desempeña el maestro en vez de cubrir los contenidos de su temario. Es absolutamente cierto que se debe anteponer una enseñanza humanizante a una técnica y así, con el comportamiento hostil y agresivo de muchos de nuestros alumnos en el centro escolar, raramente se llega a la meta propuesta al inicio del curso y se acumulan deficiencias que pueden precipitar al fracaso entre nuestros jóvenes. Las cifras de fracaso escolar en nuestro medio van en consonancia con el mal ambiente que se respira en las clases.
Los padres culpabilizan a los maestros de todo este escenario. Los maestros saben bien que el principal problema se resolvería si los niños viniesen de sus casas con unos valores y una mínima educación aprendida. Mientras seguimos enganchados en cruces de acusaciones infructuosos, las cifras pasan del estado grave al coma profundo a medida que pasan los años y la cosa se agudiza. Pero en este análisis mío hay un error continuamente perpetuado por muchos que conviene reparar. No es cierto que los niños o adolescentes no vengan "educados" de sus casas. Es imposible que lleguen al centro en estado de tabula rasa y el maestro se ponga a escribir sobre la pizarra vacía de sus cabezas. Lo que llega a los centros son niños que ya han oído antes despreciar a esos mismos gitanos o maricones. Nos llegan adultos en construcción que han visto ya en no pocas ocasiones discriminar, juzgar y condenar a los que no son como ellos. ¿Se imaginan de dónde han mamado esas ideas los niños que impiden el ejercicio tranquilo del docente y el desarrollo intelectual de sus compañeros? Les doy una pista, por si les sirve de ayuda. El lema de pancarta aquel del Foro de la Familia (la familia heterosexual, de derechas y ultracatólica, claro) "La familia sí que importa" guarda en su interior las claves para desfacer este entuerto. Y si logran desfacerlo se percatarán de que muchos de esos alumnos que practican el terrorismo adolescente con sus compañeros y maestros tienen padres que se preocuparon antes de llevarlos a la catequesis en la mejor parroquia del pueblo que de los contenidos de Educación para la Ciudadanía. Más bien esos mismos padres objetaron contra la asignatura movidos por algún gobierno regional aburrido que quería animar el cotarro. ¿Se imaginan lo complicadas que pueden llegar a ser las reuniones con los papás de Pepito porque no deja a sus compañeros de clase en paz y les roba el bocadillo? Y luego se quejan los del PSOE por tener que aguantar a Rajoy. A este por lo menos le han sentado bien las clases de catequesis de los domingos por la tarde en algún barrio de Pontevedra.
Hasta mañana educadores vocacionales. Hasta mañana maleducados padres con maleducados hijos. Hasta mañana educadores de catecismo y pancarta. Hasta mañana J.
lunes, 8 de septiembre de 2008
Vuelta al cole
Hoy comienzan las clases los niños de Educación Infantil y Primaria en nuestro país. A las novedades propias de un principio de curso se une, esta temporada, un elemento más para la discordia: Educación para la Ciudadanía.
Los alumnos de Secundaria pronto llegarán a ocupar sus puestos en las aulas y se encontrarán, una vez más, con un país dividido en un tema tan crucial como es la educación de sus adolescentes. El Gobierno socialista se ilusionó y nos ilusionó a muchos proponiendo una nueva materia obligatoria donde se trataran temas tan importantes como la educación en valores, el respeto a todos por igual y la libertad y el uso de la misma en el individuo. Hasta ahí todo correcto. El problema empieza a cobrar fuerza cuando se elaboran los manuales o textos para cubrir estos contenidos. Entonces hay que concretar necesariamente las ideas difusas y plantearlas en los supuestos reales, a saber: inmigración, nuevos modelos de familias, machismo y tantos otros talones de Aquiles de nuestra sociedad moderna.
Por un lado tenemos a la Iglesia, desprestigiada ya hasta el hartazgo, arremetiendo de nuevo contra las libertades individuales. Los catequistas de toda España se reunen en asamblea y deciden volver a cargar sus municiones contra las minorías, en este caso la sexual y alguna más. Se olvidan, poniendo en sus labios la "palabra de Dios" de que la vida de los rechazados en la tierra se hace insufrible, infernal. Intentan devolver a las mazmorras a todos aquellos que apenas comienzan a respirar ahora. Eso sí, ellos tienen toda la razón del caso porque les asiste la inspiración divina... ¿Dios no dijo aquello de amar al prójimo sin reparar en quién se mete con él a la cama? Si no lo dijo, debió olvidársele en el Sermón de la Montaña.
Por otro lado tenemos al PP. Sabemos muchas cosas de este partido fundado por Fraga y el padre de Gallardón, lo que no sabemos es qué piensan los representantes del PP sobre temas como la eutanasia pasiva, el aborto y su ley de plazos o el matrimonio homosexual. Digo, plenamente consciente, que no lo sabemos porque cada vez que desde este partido se hace una declaración contra las propuestas del Gobierno es para esto para lo que se hace, para ir contra el Gobierno. ¿Y qué piensa el señor o la señora que acapara el primer plano en el arranque de las noticias de las nueve? ¿Por qué no se pronuncia sobre su propia propuesta para rectificar la que el Gobierno quiere implantar? ¿A quién temen los altos cargos del PP para no dejar traslucir ni un poquito siquiera de sus propias ideas? Para muestra un botón. En el Congreso que celebró con pompa y boato este partido en Valencia a inicios de verano se intentó fijar una posición clara y de conjunto sobre el tema de los matrimonios homosexuales. Nunca se consiguió ni siquiera debatir tal cuestión. Aquí tenemos posiciones tan encontradas como las que defienden Esperanza Aguirre (a favor por modernez) o Mariano Rajoy (a favor o en contra dependiendo del foro al que le hable). A favor:programa "Tengo una pregunta para Usted" de TVE. En contra en cualquiera de sus manifestaciones en la cadena de los obispos por las mañanas o en Antena 3 cuando le rota.
Vistas así las cosas los alumnos de nuestro país, pobrecitos ellos que tienen que luchar contra sus propios impulsos hormonales para controlar sus cambios de humor repentinos y sus ataques de ira entre otros, también lo van a tener complicado cuando inicien el nuevo curso. Unos les dirán cosas por un lado y otros por el otro. A unos les parecerán disparates lo que se pretende inculcar desde un Gobierno progresista y a otros les parecerán manás como caídos del cielo los nuevos manuales que formen a nuestros hijos. Incluso este debate es sano porque en la práctica requerirá grandes dosis de paciencia, empatía y comprensión entre todos. Lo que nunca nos dijeron los libros de texto y en esto sí que cometieron un gravísimo error es que pasada la adolescencia muchos adultos se siguen comportando por el resto de sus vidas como niños, de manera inmadura e irresponsable. Porque ser irresponsable es decir esto y lo contrario dependiendo de dónde se juegue el partido o decirle a un padre en un programa que su hijo se podría casar sin problema con otro hombre porque su partido no haría nada para impedirlo cuando la misma persona llevaba un recurso al TC contra sus propias palabras. Lo menos que se le debe pedir a un hombre adulto que se precie a gobernar un país es madurez. Voy a ver si la madurez y la coherencia aparecen en los manuales de esta asignatura tan desgraciada desde la cuna. Quizá algunos deban cursar la asignatura para enterarse de que los derechos de los que son diferentes a ellos no deben pisotearse. Hasta mañana educados ciudadanos de derechas y de izquierdas. Hasta mañana J.
Los alumnos de Secundaria pronto llegarán a ocupar sus puestos en las aulas y se encontrarán, una vez más, con un país dividido en un tema tan crucial como es la educación de sus adolescentes. El Gobierno socialista se ilusionó y nos ilusionó a muchos proponiendo una nueva materia obligatoria donde se trataran temas tan importantes como la educación en valores, el respeto a todos por igual y la libertad y el uso de la misma en el individuo. Hasta ahí todo correcto. El problema empieza a cobrar fuerza cuando se elaboran los manuales o textos para cubrir estos contenidos. Entonces hay que concretar necesariamente las ideas difusas y plantearlas en los supuestos reales, a saber: inmigración, nuevos modelos de familias, machismo y tantos otros talones de Aquiles de nuestra sociedad moderna.
Por un lado tenemos a la Iglesia, desprestigiada ya hasta el hartazgo, arremetiendo de nuevo contra las libertades individuales. Los catequistas de toda España se reunen en asamblea y deciden volver a cargar sus municiones contra las minorías, en este caso la sexual y alguna más. Se olvidan, poniendo en sus labios la "palabra de Dios" de que la vida de los rechazados en la tierra se hace insufrible, infernal. Intentan devolver a las mazmorras a todos aquellos que apenas comienzan a respirar ahora. Eso sí, ellos tienen toda la razón del caso porque les asiste la inspiración divina... ¿Dios no dijo aquello de amar al prójimo sin reparar en quién se mete con él a la cama? Si no lo dijo, debió olvidársele en el Sermón de la Montaña.
Por otro lado tenemos al PP. Sabemos muchas cosas de este partido fundado por Fraga y el padre de Gallardón, lo que no sabemos es qué piensan los representantes del PP sobre temas como la eutanasia pasiva, el aborto y su ley de plazos o el matrimonio homosexual. Digo, plenamente consciente, que no lo sabemos porque cada vez que desde este partido se hace una declaración contra las propuestas del Gobierno es para esto para lo que se hace, para ir contra el Gobierno. ¿Y qué piensa el señor o la señora que acapara el primer plano en el arranque de las noticias de las nueve? ¿Por qué no se pronuncia sobre su propia propuesta para rectificar la que el Gobierno quiere implantar? ¿A quién temen los altos cargos del PP para no dejar traslucir ni un poquito siquiera de sus propias ideas? Para muestra un botón. En el Congreso que celebró con pompa y boato este partido en Valencia a inicios de verano se intentó fijar una posición clara y de conjunto sobre el tema de los matrimonios homosexuales. Nunca se consiguió ni siquiera debatir tal cuestión. Aquí tenemos posiciones tan encontradas como las que defienden Esperanza Aguirre (a favor por modernez) o Mariano Rajoy (a favor o en contra dependiendo del foro al que le hable). A favor:programa "Tengo una pregunta para Usted" de TVE. En contra en cualquiera de sus manifestaciones en la cadena de los obispos por las mañanas o en Antena 3 cuando le rota.
Vistas así las cosas los alumnos de nuestro país, pobrecitos ellos que tienen que luchar contra sus propios impulsos hormonales para controlar sus cambios de humor repentinos y sus ataques de ira entre otros, también lo van a tener complicado cuando inicien el nuevo curso. Unos les dirán cosas por un lado y otros por el otro. A unos les parecerán disparates lo que se pretende inculcar desde un Gobierno progresista y a otros les parecerán manás como caídos del cielo los nuevos manuales que formen a nuestros hijos. Incluso este debate es sano porque en la práctica requerirá grandes dosis de paciencia, empatía y comprensión entre todos. Lo que nunca nos dijeron los libros de texto y en esto sí que cometieron un gravísimo error es que pasada la adolescencia muchos adultos se siguen comportando por el resto de sus vidas como niños, de manera inmadura e irresponsable. Porque ser irresponsable es decir esto y lo contrario dependiendo de dónde se juegue el partido o decirle a un padre en un programa que su hijo se podría casar sin problema con otro hombre porque su partido no haría nada para impedirlo cuando la misma persona llevaba un recurso al TC contra sus propias palabras. Lo menos que se le debe pedir a un hombre adulto que se precie a gobernar un país es madurez. Voy a ver si la madurez y la coherencia aparecen en los manuales de esta asignatura tan desgraciada desde la cuna. Quizá algunos deban cursar la asignatura para enterarse de que los derechos de los que son diferentes a ellos no deben pisotearse. Hasta mañana educados ciudadanos de derechas y de izquierdas. Hasta mañana J.
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